Éxito de unos, infelicidad de otros


A simple vista se pudiera pensar que todos admiran al exitoso, sin embargo no siempre es así. Decía el pintor español Salvador Dalí que el termómetro del éxito no es más que la envidia de los descontentos. Nada más cierto que tal afirmación, ya que quien resulte ser percibido como alguien de grandes logros, se convierte en blanco fácil para los que pudieran creer que tal éxito es inmerecido.

El psiquiatra Srini Pillay, presidente de NeuroBusiness Group y autor de diversos libros, afirma que un número importante de ejecutivos que han sobresalido por alguna razón, experimentan un sentimiento de frustración al lidiar con consecuencias inesperadas de su propio éxito. Muchos de los que ha llegado hasta donde se lo han propuesto comentan haberse preparado al detalle en caso de fallar, pero muy pocos lo hicieron ante un eventual momento de cosechar logros y reconocimientos, ya que tal situación conlleva lidiar en múltiples ocasiones con el acecho de los que miden sus logros en base al fracaso del otro.

Recientemente un estudio conducido por esta misma firma encontró que la gran mayoría de la gente percibe a los ganadores de alto perfil como personas arrogantes, independientemente que lo sean o no. Sobre todo en culturas como la nuestra en donde aparentemente a la modestia se le da una interpretación muy distinta que en países desarrollados. Por esta razón es recomendable ser discretos, mesurados y detectar con quienes es posible compartir un logro y en qué momento. De igual manera si algún logro se torna inesperadamente el tema central de la conversación, lo aconsejable es tratar de desviar el tema, ya sea a retos por venir o proyectos que estén en proceso.

La palabra alemana schadenfreude es utilizada para designar el sentimiento de alegría por el sufrimiento o infelicidad del otro. Se pudiera creer que cuando alguien obtiene un gran logro, los demás se sentirán igual de gustosos. No siempre es así. Pero cierto es que tal situación no debe ser un inhibidor para marcarse nuevas metas. Enfocarse en el valor que se agrega o la diferencia que se hace, en lugar del potencial reconocimiento que se pueda recibir, estimulará la confianza en sí mismo y alejará el temor y la ansiedad que pueda significar ante un eventual schadenfreude.
El entrenador Pep Guardiola afirmó en algún momento que después de haber ganado cuando estuvo al frente del Club Barcelona todo lo que un director técnico aspira ganar de manera consecutiva, en tan poco tiempo y sobre todo en los torneos más competitivos del planeta, él experimentó un cierto aburrimiento y desgano al sentir que no había algo más por que ir. A tal sensación se le conoce como el Síndrome de la Cúspide y es otro de los males de éxito en sí y una de las formas para evitarlo es plantearse a sí mismo nuevos retos, cambiar esquemas y contextos, de tal forma que se haga a un lado la pereza y el auto sabotaje. Guardiola optó por renunciar a uno de los clubes más exitosos de todos los tiempos en su mejor momento, darse un año sabático y actualmente dirige con nuevos bríos y exitosamente al club alemán Bayern Munich.

Así como el fracaso tiene sus consecuencias y sinsabores, también el éxito puede tornarse agridulce. Pero el estar consciente, preparado, ser discreto y selectivo para celebrar el logro puede hacerlo disfrutable y perdurable.